Análisis Bioshock Xbox 360
Elegir lo imposible
Bioshock es especial, y eso se nota sólo con un primer contacto. Uno de los mayores aciertos del título es que absolutamente todo cuanto nos rodea tiene su historia, su porqué y su razón de ser y cada esquina, (literalmente) forma parte del conjunto y lo complementa acertadamente. Es decir, nos encontramos ante un mundo con una ambientación pocas veces vista antes en un videojuego, tan increíblemente bien realizada que resulta motivo de alegría para el jugador y consigue que se quiera hacer testigo a más gente de lo que se está viviendo ya que resulta casi tan agradable jugarlo como verlo.
Y lo mejor de todo es que lo hace sin dar detalles, sin dar a conocer al jugador quién es ni qué es lo que realmente ocurre manteniendo constantemente el misterio. Es grande porque consigue hacerte saber que hubo una vez en la que Rapture era un lugar hermoso y feliz, lo que inquieta aún más, y muestra el lado más perverso del ser humano.
Su característica narrativa es igualmente acertada, con grabadoras dispersas alrededor de la ciudad a modo de diario de los ciudadanos y habitantes de esta utopía que nos explicarán sus temores, sus alegrías e incluso los secretos que esconde tanto hormigón sumergido. Y como punto positivo, si realmente lo que quieres es jugar y no impregnarte de las sensaciones creadas para los habitantes siempre puedes obviar las grabaciones, y aunque se pierde una parte esencial de su encanto no interrumpe al jugador exigiéndole que la historia deba ser conocida, como hacen otros títulos. Es tu elección.

Bioshock conquista tanto con sus gráficos como con su extraordinario apartado sonoro, íntegramente doblado al castellano, y por el acercamiento que da a situaciones novedosas y extravagantes usando todos los medios de los que dispone. Su estética es decadente, pero fusiona todo esto y te lo hace creer todo. Si bien el juego dispone de toques de RPG, su base y su género es el del FPS, disponiendo de diferentes tipos de armas, todas con un estilo retro, que pueden modificarse a lo largo de nuestro paseo por Rapture. Desde pistolas, escopetas, ballestas a metralletas o lanzacohetes y armas de hielo y Napalm, todas con tres tipos diferentes de munición.
Aunque sin duda el arma estrella que nos acompañará durante todo el periplo y que consigue acaparar gran parte del carisma es la llave inglesa. Esta llave, igual que las armas, puede ser potenciada a través de terminales que nos aportarán plásmidos muy diversos, los cuales modifican nuestro ADN para conseguir poderes nuevos. Todo tiene un precio, y para conseguirlo deberemos usar la moneda de cambio protagonista del mundo en el que nos encontramos: el ADAM.
El hundimiento
Toda utopía por definición está condenada al fracaso y el caso de Rapture no podía ser menos. Dentro de la amalgama de científicos y artistas que explayaban sus inquietudes e investigaciones sin ningún control se llegó a normalizar la modificación genética con resultados increíbles: poder controlar el hielo o el fuego, ser más rápido, dominar la telequinesia o la electricidad… y la razón de estas mejoras era el ADAM, que supuso una poderosa droga que volvió adictos a los ciudadanos, lo que desencadenó una guerra civil para dominarlo.
Nosotros pues debemos lidiar con los personajes que quedan vivos y ansiosos por conseguir dicha sustancia e inevitablemente rendirnos también ante los encantos de la modificación genética. Personajes demacrados y destrozados por la droga tanto física como psicológicamente, algo que Bioshock deja muy patente. Oiremos susurros, gritos provenientes de cualquier lugar, extrañas canciones, lamentos y amenazas que sobrecogen por fuerza y que hacen que te plantees si dar el siguiente paso, por lo que el juego ya te ha hecho suyo.
Y los enemigos, dejando de lado lo terroríficos que resultan, disponen de una inteligencia artificial envidiable. Se avisarán entre ellos, planificarán estrategias, usarán sus armas y correrán a curarse si su vida corre peligro. Lo mejor es que no basan su existencia en la muerte del jugador, cada enemigo tiene su vida y su prioridad no es matarnos, es mantenerse con vida y conseguir el máximo de ADAM, por lo que muchas veces nos atacarán para seguidamente huir corriendo y riendo como posesos. Los encontraremos vagando y realizando sus propias acciones cotidianas.