Análisis Bioshock Xbox 360

Escrito by Kid Wednesday 2 July, 2008
Archivado en Análisis, Xbox 360

Bioshock (Xbox 360, PC)

Cuando detrás de un trabajo existe un mimo y un cuidado especial, una pasión patente y una realización impecable, esa sensación se transmite de forma inequívoca. El llamado hype, la perdición de muchos de los juegos actuales, actúa de forma lenta y sibilina la mayoría de las veces, modificando la realidad y dando argumentos para creer en algo muy bonito que en definitiva acaba resultando efímero.

Por suerte, no siempre es así, y de vez en cuando se nos premia con obras que hacen justicia y alcanzan todo a lo que aspiran creando una nueva referencia y aportando sensaciones que no tienen comparación. Obras que presentan una realidad propia totalmente creíble y que emplean todos sus recursos para sumergirte en una ambientación personal e inevitablemente atrayente, poniendo sobre la mesa una narrativa envidiable y casi obligando al jugador a permanecer delante de la pantalla.

Irrational Games ha conseguido eso con Bioshock, ha alcanzado las metas que se había propuesto y ha cumplido con lo que había prometido. Nos encontramos delante de un título especial, que es igual pero totalmente diferente a lo visto antes y que hace que todo cuanto se experimenta a través de él valga la pena.

Ni dioses ni reyes, sólo hombres

Todos tenemos ideas utópicas, ilusiones irrealizables sobre una realidad mucho más justa y mejor, algunas de las cuales han marcado nuestra Historia. Andrew Ryan, el protagonista de nuestro relato, es un magnate multimillonario que ha creído fervientemente en sus propias ideas y ha hecho realidad sus propios ideales: una ciudad donde se reúnan las mentes más brillantes, obviando lo establecido y alejándose de las religiones, con el fin de acelerar el progreso y la evolución. Estamos en los años 50, poco después de la Gran Guerra y esa realidad se ha hecho patente al fin. Rapture es una ciudad sumergida en el mar que quiere cumplir esa función y hacer realidad los sueños de un rico loco.

Bioshock (Xbox 360, PC)

Nuestro primer contacto con el juego nos sitúa en un viaje en avión, ya en los años 60, que misteriosamente es víctima de un accidente y nos deja en mitad del océano y de la noche. En frente nuestro un faro se alza de forma majestuosa invitándonos a acercarnos a él mientras nos preguntamos si el motivo de nuestra llegada a este punto tiene un porqué, y a medida que nos aproximamos a la curiosa edificación vamos viendo que todo es mucho más de lo que parece.

Una gran puerta se abre y unas vetustas luces se encienden, como resignadas, abriéndonos paso y mostrándonos los primeros delirios de grandeza que hacen que creamos de verdad que nos encontramos ante algo especial, diferente, algo de proporciones épicas. Un gran cartel nos advierte con las palabras “ni dioses ni reyes, sólo hombres” asegurándonos que todo esto esconde mucho más de lo que parece a simple vista.

Tras nuestros primeros pasos que se disputan entre espectaculares juegos de sombras y luces, nos acercamos a una batisfera que parece estar esperándonos mientras una vieja radio nos deleita con la voz de Frank Sinatra y que supone un acceso a un inframundo devastado y desolado, una ciudad sobrecogedora que rezuma fracaso por todas sus esquinas pero que sigue impregnada de historia. Todo es caótico y confuso, barroco y angustiante y nosotros estamos perdidos en ese lugar.


Deja un Comentario